lunes, 23 de diciembre de 2013

Historia Suelta (Rodolfo)


Rodolfo es un borracho: siempre está feliz y buena gente cuando bebe. De resto, es un malhumorado de mierda que pretende demandar a su familia por daños y prejuicios, y a veces les grita, atormentado con su resaca, "ojalá se mueran".

Hoy es un día especial: Rodolfo irá al bar de putas de don Ernesto. Esta noche Carmen le hará un show de niñerita bondage. “Mi mamá me amarraba cuando niño ¡Así, así! Me portaba muy mal ¡Muy mal!” le decía Rodolfo a Carmen, mientras ella lo azotaba con una tabla, casi con cariño, pisándolo como a un gusano con sus tacones de plataforma mientras calaba un porro entre sus guantes de cuero negro, midiendo el tiempo que le faltaba para atender a su próximo cliente: un viejo gordo y feo; hediondo a alcohol e impotente, muy parecido a Rodolfo.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Historia Suelta (Marcos)


El sr. Marcos era muy impertinente. Un día, por andar contando lo que no debía, vinieron unos hombres y le quemaron la lengua. Ahora, cuando habla, uno no puede pasar por alto la pequeña marca: una equis que siempre pareciera estar en llamas: sale de su lengua y hace que el desafortunado tenga que escupir cenizas a cada rato, disculpándose, diciendo siempre la misma “verá usted, es que es un mal de familia”. Y ya los cayos en las manos del pobre sr. Marcos no le permiten taparse la boca cuando habla.

A veces, la candela que desprende su boca pareciera estar hecha de pájaros que despegan del suelo, o salmones luchando contra la corriente para desovar más arriba, más alto en el río.

Historia Suelta (Candelaria)


Candelaria siempre fue así: particular. Cuando niña jugaba en el río con sus amigos los rubios -les decía ella. No eran más que libélulas que siempre la sacaban a volar por ahí. Y cuando Candelaria toda emocionada, ennoblecida, contaba sus aventuras, ninguno le creía (para aquel entonces, nadie volaba con las libélulas) Ella era una niña muy particular.

De joven se la pasaba todo el día hablando con la gente. Siempre se interesó en escuchar; que le contaran sus historias. Pero, cuando ella contaba las suyas la gente se reía y pensaban que estaba loca. Nunca tuvo novio: puede que los chicos le tuvieran un poco de miedo, pues ella siempre les decía que “¡Cuidado! Tienes un bicho raro en tu espalda”, y lo decía en serio (de verdad que sí) pero para ese entonces nadie sabía que existían esos bichos y los chicos nunca la entendieron.

Ahora, Candelaria es conductora de un programa de entrevistas por televisión. La semana pasada su invitada especial era una domadora de leones que decía que “la única forma de que un león te entienda, es hablándole con las manos, porque (y esto todo el mundo lo sabe) los leones son sordos, por eso rugen; porque no se escuchan”. Candelaria asentía con la cabeza mientras, con esa fascinación de conductora de programa de entrevistas por televisión, mostraba una gran sonrisa a su entrevistada, y la gente, conmocionada, enaltecida, aplaudían como locos al final de su programa.